15 CLAVES PARA EDUCAR BIEN

El concepto de educación es, esencialmente, controvertido. Sucede con ella algo similar a la inteligencia: todo el mundo se siente capaz de hablar y discutir sobre ella. Sin embargo, a la hora de explicar en detalle en qué consiste suele crearse un espeso silencio. En otras ocasiones, cada persona vierte su concepto, para acercarse, entre todos, a una idea general de lo que queremos llegar a definir y, por ende, entender.

Fomentar la familia basada en el respeto mutuo, el amor, la cooperación, y no dejar de lado ni el orden jerárquico ni la disciplina, especialmente en los primeros años de la educación, parece ser una de las ideas esenciales para aplicar el resto de las claves. El triunfo o fracaso de la educación no depende de estudiar más o menos, sino de llegar a buscar y encontrar ciertas condiciones necesarias para un desarrollo personal saludable. Profesores, padres, familiares y, cómo no, amistades, juegan un papel importante en este proceso. Todo ello forma parte de multitud de ingredientes que ayudan a cada joven a ser mejor.

Presentamos algunas claves de fácil identificación, si bien son, tan sólo, parte de una lista interminable que abarca numerosos aspectos de la vida diaria. Uno de los principales ejes para entenderse, es comprender que la comunicación es un intercambio de sentimientos en el que dos mundos se encuentran. Algunos padres reducen lo que llaman “comunicación” a un simple interrogatorio, lo que da lugar a respuestas monosilábicas. Los humanos nos diferenciamos del resto de los seres vivos por nuestra gran capacidad de comunicación, así como por los resultados a los que ésta nos ha llevado. Sin embargo, son numerosas las ocasiones en las que ésta se ve disminuida por comportamientos negativos aprendidos durante la vida, ya sea porque nos dejamos llevar por una falsa lógica, o porque cedemos fácilmente ante nuestros impulsos más primitivos.

En esta especial época de la vida de nuestros hijos, no basta con que queramos comunicarnos, es necesario que ellos también lo deseen. Por ello, resulta esencial tomar en consideración una serie de sencillas reglas basadas en la experiencia cotidiana de muchas familias.

1.- ESTIMULAR LA AUTOESTIMA
Lo que cada persona cree sobre sí misma es importante para tener seguridad en lo que hace. Ese concepto se construye en los primeros años de vida a partir de lo que otros piensan. Por este motivo, si un niño crece y estudia en un ambiente donde profesores y familiares tienen expectativas positivas sobre él, se formará y crecerá con conceptos positivos de sí mismo. El pilar fundamental de la autoestima es el autoconcepto, es decir, aquellos valores que se atesoran en lo más íntimo de cada ser como, por ejemplo, la responsabilidad y la honradez. El aprecio que tenemos a este autoconcepto podría definirse como “autoestima”. Asimismo, la sensación de ser queridos constituye el punto de referencia esencial en relación con cómo somos valorados por los demás. Hacer sentir importantes y necesarios a nuestros hijos forma parte fundamental de un correcto desarrollo de su autoestima. Nunca debemos realizar comentarios hirientes, aun en situaciones difíciles en las que sea complicado dominar nuestro mal humor.Una cosa es llamar la atención sobre una situación que no nos haya gustado y otra es humillar gratuitamente a otro ser humano que es nuestro hijo. Años después es probable que recuerde lo que aquel día se le dijo y de qué manera le llegó a lo más profundo de su ser.

2.- EDUCAR EN VALORES Y RESPONSABILIDAD
Sed consecuentes, no hay nada peor que decir una cosa y hacer otra. A pesar de lo sencillo que resulta entender este concepto, es uno de los fallos que más frecuentemente asola la educación de nuestros hijos. Nuestros valores básicos y nuestras ideas se transmiten a través de los actos más cotidianos. De hecho, lo que hacemos tiene más repercusión que lo que decimos. Si un hijo ve que somos respetuosos con los demás, él también lo será. Si advierte que le escuchamos con atención, él también aprenderá a escucharnos con la misma intensidad. La mayoría de los adolescentes jugará con otros valores, pero, muy probablemente, al cabo de unos años retornará a los que le hayamos inculcado desde la niñez. La televisión o el cine podrán mostrarles distintos modelos, pero, indudablemente, la figura de los padres y su conducta será el modelo definitivo.

3.- EQUILIBRIO ENTRE LAS FIGURAS MATERNA Y PATERNA
Padre y madre son, por naturaleza, los primeros educadores. Su misión no es fácil. Está llena de contrastes que parecen difícilmente reconciliables: han de saber comprender y escuchar, pero, a la vez, exigir. Enseñar a sus hijos a ser libres pero guiarles y corregirles. Ayudarles en sus deberes, pero no evitarles el trabajo. En ese esfuerzo se ha valorado, como no podría ser de otra manera, la labor materna, entregada allí donde las hubiera. Sin embargo, tendemos a no apreciar, en su justa medida, la imagen y el esfuerzo paterno. Esta figura es la que debe proporcionar el lógico establecimiento de límites, así como la comprensión de la existencia de autoridad. El equilibrio entre ambos mundos, masculino y femenino, otorgará a nuestros hijos una visión más rica del entorno y mejor compresión de la dinámica humana.

4.- EJERCER LA AUTORIDAD SIN MIEDO
Además de cariño y buen ejemplo, también es preciso ejercer la autoridad, explicando, en la medida de lo posible, las razones que nos llevan a tomar tal o cual decisión. El niño tiene necesidad de autoridad, no de autoritarismo gratuito. Es necesario que encuentre señalizaciones y demarcaciones para sentirse cómodo sobre el terreno que pisa. Incluso cuando juega, él mismo crea reglas que no deben ser transgredidas. Son muchos los padres que tienen miedo a perder el cariño de sus hijos debido a una extraña mezcla de temores irracionales. En algunos casos, la ansiedad por una mala reacción del niño es mayor que la necesidad del castigo. En ese momento debemos de preguntarnos si somos nosotros los que estamos educándole o al contrario, él a nosotros. Es importante que los padres, explicando siempre los motivos de sus decisiones, indiquen a los niños lo que deben hacer o evitar, no dejando por comodidad, caer en el olvido sus órdenes, ni permitiendo que los hijos se les opongan abiertamente. Del mismo modo, debemos evitar prohibir lo que un día se permitía y viceversa. No hay que levantar la voz, ya que ello trasluce nuestro nerviosismo y perdemos autoridad.

5.- EL AMBIENTE FAMILIAR: SABER ESCUCHAR
En muchas ocasiones creemos que la educación está sometida al mundo escolar y a las clases que les damos en casa. Los expertos en educación lo llaman “el currículo de la casa”, y no es otra cosa que las enseñanzas que los hijos aprenden en su hogar. Aquellos jóvenes que tienen padres que les escuchan y que les hablan de temas que les interesan y afectan, además de compartir sus opiniones sobre el mundo que les rodea, suelen tener más éxito escolar. Curiosamente, se ha comprobado que aquellos chavales a los que se invita constantemente a participar en las decisiones familiares y temas de conversación, leen mejor y rinden más en el colegio. En definitiva, estamos poniendo algo básico en práctica: aprender a escuchar, virtud que les facilitará prestar atención en clase o entender mejor a otra persona, hecho que les surtirá de una mayor tolerancia hacia los demás.

6.- BUENOS PROFESORES
¿Qué padres no están interesados en que su hijo tenga los mejores docentes? Hay que cerciorarse de que los profesores se interesan por estimular la autoestima de los estudiantes. Principalmente, que no les culpen de los fracasos escolares, sino que traten de indagar las causas de sus problemas. Es importante que no les ridiculicen, especialmente en público, ni dejen que otros lo hagan. Una buena señal es que mantengan informados a los padres de cuanto sucede, de una manera individualizada. Escoger, dentro de lo posible, a los profesores, es una de las claves para que nuestros hijos lleguen a disfrutar o detestar una disciplina. No son escasas las ocasiones en las que el alumno renuncia a estudiar una asignatura como silenciosa protesta hacia las maneras de su profesor. En tal caso, puede reforzarse la situación mediante clases extraescolares. También hay que observar qué actitud tiene el profesor auxiliar: gritos y enfados hacia nuestro hijo serán mala señal. La mejor cualidad de un enseñante no son sus conocimientos, sino su paciencia.

7.- TIEMPO PARA ESTUDIAR Y JUGAR
En el colegio ya estudian una media de ocho horas al día, sin descontar el tiempo de recreo y almuerzo. Eso sí, todo ese tiempo no debe ser en el aula. Son importantes las actividades complementarias que les permitan relacionarse con el medio y explorar sus habilidades. Recordemos que no van a la escuela sólo para aprender, sino para socializarse y establecer vínculos con otras personas. En esta época de la vida se siembran las semillas de los grandes científicos, actores o deportistas. Debemos potenciar todas sus aficiones. El resto de nuestra vida, realmente, jugamos en el campo ya cultivado de nuestra infancia.

8.- SUPERVISIÓN CONSTANTE
Los niños no requieren de adultos que los estén siguiendo como una sombra o que los estén bombardeando con cuestiones sobre sus deberes. Lo que necesitan es ser escuchados y que se les pregunte sobre lo que aprenden y lo que desean saber. Pocas cosas generan más orgullo, por ejemplo, a un adolescente que explicarnos alguna teoría social que hayan estudiado en el colegio. Lo más probable es que nos sorprenda y descubramos que interioriza sus conocimientos, llevándolos a la práctica. Revisar sus cuadernos debería constituir una rutina conjunta, padres e hijos, para ver qué se les está enseñando y recibir los mensajes o anotaciones de los maestros. Es importante que padres y profesores tengan una comunicación fluida para que intercambien opiniones sobre el niño y no se contradigan en lo que dicen.

9.- LEER, UN PROPÓSITO
La lectura es, sin duda, la base de gran parte de nuestro aprendizaje. La tendencia natural es que nuestros hijos aprendan a leer e interpretar correctamente lo escrito en los textos escolares, lo que les preguntan en sus exámenes y lo que encuentran en Internet. La habilidad lectora es la carta de presentación de un niño en sociedad: si sabe leer es apreciado, pero si no sabe, siente una gran vergüenza que, muy probablemente, le afecte en otras áreas de su aprendizaje y de su personalidad. La mejor manera de aprender a leer es que nos vean haciéndolo. Nuestros hijos aprenden con el ejemplo y realizan esta actividad si tienen a su disposición material interesante para leer. En el caso de los más pequeños, la lectura conjunta es la más aconsejable. Para que no se cansen es buena idea alternar distintos párrafos del libro que hayamos escogido: uno lo lee nuestro hijo y el siguiente nosotros. En el caso de los mayores, compartir libros que nosotros previamente hayamos leído es de lo más saludable. Pero no te dejes guiar por lo que leíste con su misma edad, ya que los tiempos y tendencias literarias han cambiado.

10.- UNA BUENA BIBLIOTECA
Además de contar con los útiles escolares que le exigen en el colegio para que pueda cumplir con las tareas, es importante que el estudiante disponga de material de lectura en casa, como revistas y libros adecuados para su edad; pero también que vaya a la biblioteca. Los libros deben mostrase como un elemento más de la casa. Pueden estar distribuidos por toda ella: en la mesilla de noche, estanterías en la sala de estar y, por supuesto, en la habitación de nuestro hijo. Las revistas también son imprescindibles ya que sus contenidos resultan normalmente de actualidad y aportan una visión más dinámica de la lectura. Llevar libros cuando realizamos un viaje o facilitarlos en los momentos de aburrimiento, no hacen otra cosa que fomentar la vida interior y la imaginación de nuestros hijos.

11.- TRANSMITIR LA CAPACIDAD DE AUTOCRÍTICA E INDEPENDENCIA: ENSEÑAR A PENSAR
Enséñale a “vivir la vida” siendo crítico con lo que nos rodea. Aumenta su capacidad de aventura y riesgo. El exceso de comodidades y satisfacciones materiales anestesia la imaginación y el resto de nuestros sentidos. Muchos jóvenes de hoy día son incapaces de sorprenderse frente a multitud de cosas. Es una buena idea que falten cosas en casa y que lo mejor esté todavía por venir. La sensación de que no solamente no falta de nada sino que, además, sobran muchos elementos es algo común entre muchas familias españolas. Cuestionar cosas y hechos que parecen admitidos por toda la sociedad no es sólo un ejercicio de rebeldía, sino una gimnasia mental que nos permite ser más libres a través del pensamiento. La cotidianeidad está plagada de momentos en los que parece buena idea parar el mundo y en voz alta preguntar: “¿Y por qué sucede esto?” Una vez superada la sorpresa inicial, deja que tus hijos respondan. Estarán comenzando a pensar.

12.- LAS AMISTADES
Los compañeros y el grupo de amigos tienen una gran influencia en la formación de valores y comportamientos. Por este motivo, es recomendable que, tanto padres como profesores, aprovechen este hecho a favor de la educación de los menores. Es conveniente el contraste en sus amistades ya que, en algunos casos, los maestros deben mezclar estudiantes destacados con los que no lo son. Un error que se realiza con frecuencia es el de comparar negativamente a nuestro hijo con algún otro amigo o conocido. Estas odiosas comparaciones van a menoscabar su autoestima, pero, lo más grave es que va a producir el efecto exactamente contrario al deseado. En definitiva, nuestro hijo es como es. Compararlo con otro sujeto es hacerle dudar de su proceso de formación de personalidad y tenderá a afianzarse aún más a lo criticado. La mejor manera de mejorar sus actitudes y comportamiento es fomentando las amistades con niños críticos y abiertos al conocimiento. No podemos olvidar que nuestro hijo poseerá otras virtudes que, a su vez, serán aprovechadas por el nuevo amigo.

13.- ESTIMULAR LAS TAREAS PRODUCTIVAS
Los mejores quehaceres son aquéllos en los que el joven entiende la finalidad. Antes de cada tarea es bueno no sólo explicarle cómo realizarla sino también cuál es su objetivo: “adquirir destreza matemática”, “aumentar vocabulario”, “evitar las caries”, etc. En diversos momentos pueden combinarse varios aspectos, por ejemplo, salir a un parque y, manual en mano, aprender a distinguir distintos tipos de árboles. Debemos evitar que estudie con la televisión cerca u otras personas merodeando. Respecto a hacerlo con música, la cuestión está clara: los expertos apuntan que disminuye la atención y, por ende, el rendimiento.

Tener un horario fijo, especialmente con los más pequeños, evita las discusiones acerca de cuál es el mejor momento para comenzar las tareas. Utilizad un reloj que esté a la vista de todos y estableced una hora de finalización.

14.- ACTIVIDADES EN FAMILIA
Tocar un instrumento, escuchar música, ir al cine... Aunque a muchos les parezca una actividad perteneciente a la esfera meramente de la diversión su resultado va más allá de lo esperado. Tocar un instrumento también forma parte de la educación de la persona. En primer lugar mejora la coordinación psicomotriz así como la sensibilidad personal. Aquellas áreas cerebrales que se encargan de su realización son las mismas que procesan funciones intelectuales de tipo matemático, por lo que los músicos son, además, estudiantes aventajados en esta materia. Además, desarrolla la capacidad de concentración y se presta a compartir impresiones acerca de su ejecución. El cine es otra actividad proclive a la vida familiar. Escoger aquellas películas que, además de entretenidas, presenten situaciones de cierta conflictividad. Será divertido escuchar las opiniones de los más pequeños. A ellos también les resultará de sumo interés conocer la tuya. No hay que olvidar que la opinión de los padres sirve de referencia para el comportamiento futuro.

15.- SER COMPRENSIVOS CON NOSOTROS MISMOS
Ser padres perfectos es una tarea imposible. Nadie ha nacido madre o padre sino que es un trabajo diario. Los fallos también son cotidianos pero, justamente, de ellos aprendemos. Las reglas se van haciendo a medida de la familia y de cada uno de nuestros hijos. Si utilizamos como referencia a nuestros padres, descubriremos que algunas cosas las hacemos de forma similar y otras de manera muy distinta. Es normal sentirse culpable cuando creemos que, por ejemplo, no hemos actuado correctamente ante una situación determinada. Sin embargo, dicho fallo puede emplearse perfectamente para mejorarnos como padres. La reflexión abierta y sincera entre padre y madre, en privado, resulta esencial con objeto de armonizar la postura educativa de la pareja. Así que, no nos sintamos culpables, simplemente aprendamos de nuestros errores.

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